LA CAJA DE PANDORA

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Según la mitología Griega existió, hace muchísimo tiempo, cuando el mundo se hallaba en la infancia, un niño llamado Epimeteo. Epimeteo creció los primeros años de su vida en el más absoluto aislamiento, pues no tuvo unos padres que cuidasen de él. Para que el niño no enloqueciera de tristeza y soledad, el Dios Mercurio le llevó una compañera, una niña llamada Pandora.

Cuando Pandora entró por primera vez en la casa en que vivía Epimeteo, lo primero en lo que se fijó fue en una enorme y preciosa caja que se hallaba descansando sobre unos anaqueles.

-¿Qué hay en esa caja? -preguntó Pandora.

-Pues la verdad es que no lo sé -contestó Epimeteo-. Mercurio, la persona que te trajo conmigo, la dejó aquí, pero me advirtió que sobretodo no la abriera, que si lo hacía me arrepentiría.

Pandora asintió sin darle mucha importancia. Pero cuando Epimeteo se marchó, la niña se quedó mirando el objeto que había atraído su atención. ¿Qué debe haber dentro?, se preguntó varias veces. Al final, la curiosidad pudo con ella y decidió abrirla. A medida que se acercaba, unas voces procedentes de la caja se iban escuchando cada vez más fuertes. Ábrenos, Ábrenos, gritaban. Pandora asustada no quiso abrir pero, bien por la insistencia de las voces o bien por su curiosidad, finalmente la abrió.

Cuando Pandora levantó la tapa, el aire de la estancia se oscureció. Luego, se escuchó el murmullo y una serie de gruñidos que pronto se convirtieron en un estruendo. Pandora miró dentro de la caja y de ella salieron volando una especie de seres alados, parecidos a los murciélagos. Esos seres extraños que estaban presos en la caja, y que Pandora desató, eran ni más ni menos que todos los males que sobrevienen hoy en el mundo: Muerte, Pasión, Dolor, Enfermedad, Tristeza, Maldad, etcétera. A partir de ese momento  los males asolaron el mundo de los mortales y la felicidad eterna desapareció para siempre.

Más tarde, cuando todos los males ya se habían escampado por el mundo, una dulce vocecita procedente de la caja empezó a sollozar. Pandora se dirigió rápidamente a cerrarla, porque no quería causar más perjuicio al mundo. Pero llegó tarde. El último mal había salido risueño de la caja: la Esperanza.

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